Me describo como una trabajadora social que, como muchos, no sabía que tenía traumas y heridas de la infancia que influían profundamente en mi vida. Estas heridas eran la raíz de mi sufrimiento y de los fracasos constantes en todas las áreas de mi vida. Afectaba mis relaciones, mi estabilidad emocional, llena de ansiedad, miedos, no disfrutaba la vida pensado siempre en el peor escenario.
Estas conductas eran lo familiar en mi por tanto no podía verlas como algo malo o destructivo hasta que comencé a cuestionarme mis fracasos y saber que tenían que venir de algún lado.
Vengo de un hogar disfuncional con mucha religión y amor a Dios pero sin ninguna salud mental. Una familia disfuncional que visualizaba como normal, pero que causo daños profundos de los cuales no era consciente. Perseguidos por la enfermedad, las heridas con los hombres, la pobreza, los abusos emocionales, en fin la “norma” de muchas familias que han hecho del dolor lo familiar.
Nadie nos enseña a reconocer y sanar estos traumas. Siendo una profesional de la conducta, no entendía esto, y menos aún sabía cómo sanarlo. Al darme cuenta de mi situación, comprendí que mi misión es llevar este mensaje y educar a otros sobre la sanación emocional.